If it ain’t broke, why fix it?

Mucho se ha escrito y hablado de los primeros meses de López Obrador en el poder y cómo sus decisiones parecen ser determinadas por una agenda de prioridades que él establece por conducto de “lo que le pide el pueblo”. El caso más sonado hasta ahora podría ser el del aeropuerto de Santa Lucía, donde a pesar de que no se tiene ningún tipo de estudio para determinar la viabilidad del proyecto, el presidente asegura que lo tendrá listo en 2 años y sin “sobrecostos”.

Esta entrada va más allá de discutir sobre la retórica de López Obrador, y mejor esa tarea se la dejamos a los expertos en política para que lo intenten entender. De lo que quiero hablar hoy es sobre la marcada intención de querer transformar a través de nuevos proyectos: ya mencionamos el caso del aeropuerto, y otro que me llama la atención es el de equipar a los hospitales denominados ‘elefantes blancos’ del sexenio Peñista.

santalucia
Render proyecto Santa Lucía

En una de las entrevistas mañaneras al presidente, el equipo de la Secretaría de Salud reportó que existen más de 300 obras del sector en abandono. Dichos proyectos fueron autorizados y anunciados con mucha emoción por las administraciones pasadas, pero por insuficiencia presupuestaria, corrupción y hasta desinterés de las administraciones subsecuentes, se quedaron como edificios abandonados en obra negra con pocas probabilidades de rescate. El secretario de Salud del nuevo gobierno, Jorce Alcocer los bautizó certeramente como “monumentos de la incompetencia, la corrupción y el tráfico de influencias”.

Aun así, si el aeropuerto de Santa Lucía es indicador de algo, es que la tendencia de AMLO parece ser la misma que de las administraciones pasadas: ‘los de antes estaban mal, hay que sustituir su mugrero con algo nuevo, algo hecho por nosotros.’ En la entrevista, Alcocer mencionó que para rescatar los hospitales inconclusos se deben invertir más de 8,700 millones de pesos. ¡No, por favor!

La obsesión por la novedad es un problema que tenemos a nivel general, y eso aplica en la industria, el gobierno y la sociedad.

En las empresas siempre nos llaman la atención sus nuevas líneas de productos, la constante innovación en su portafolio y la agresividad de sus directores por encontrar nuevas oportunidades de negocio y nuevas fronteras que sus antecesores no se atrevían a cruzar. Para los gobernantes siempre está la obsesión de diferenciarse de las administraciones pasadas con diferentes logotipos, colores de su partido en edificios, así como nuevos proyectos para fortalecer su imagen con la población y garantizar futuras candidaturas en nuevos puestos. En la sociedad es buscar siempre tener el celular más novedoso, vestir la marca más lujosa del momento, visitar el restaurante top de la ciudad. Ejemplos hay muchísimos, y el problema es que lo nuevo no necesariamente es lo mejor.

 

“If it ain’t broke why fix it?”

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“the New Coke”

En los ochentas a Coca-Cola se le ocurrió la grandiosa idea de cambiar la fórmula original de su refresco (que a todo mundo le encantaba) y la transformó en la New Coke, la cual fue un fiasco en toda la expresión de la palabra. En Nuevo León, cada gobernador tiene el afán de “renovar y modernizar” el sistema de transporte público, para que dos años después de su salida ya no funcione y los usuarios queden igual o peor a como estaban (ej: Ecovía con Medina, Sistema de Transporte Colectivo con el Bronco).

Algo que en particular a los gobiernos se les olvida, es que el país ya tiene una infraestructura de salud relativamente robusta, pero que tiene poco o nulo mantenimiento para su correcta operación. Cuando hablan de 8,700 millones de pesos para arrancar operaciones de esos 306 hospitales, ¡son 8,700 millones de pesos que los más de 1,200 de hospitales públicos actuales dejan de recibir para su operación!

No pienso que sea buena idea tampoco dejar en el olvido tantos proyectos en salud, pero el gobierno se debe hacer un planteamiento de los hospitales que verdaderamente necesita la población y que pueda sostener sin perjudicar su actual infraestructura.

Esta recomendación aplica en todos los aspectos: de nada sirven nuevos proyectos si el trasfondo no funciona. Siempre nos debemos cuestionar si un nuevo proyecto vale la pena, ya que esto puede prevenir que tomemos decisiones muy costosas de las que nos pudiéramos arrepentir en un futuro.

Pregúntate cuántas veces usas la palabra innovación en tu día a día. ¿Piensas que innovar implica destruir lo que venía antes de ti? ¿Trabajar desde cero? Para nada, la innovación también es incremental; se construye de pequeños cambios, paso a paso, año tras año. No desesperes solo por encontrar ese producto que nadie de tu competencia tiene, también enfócate a vender mejor el que ya tienes. En vez de pensar en cambiarte de oficina o construir nuevas instalaciones, piensa cómo puedes aprovechar tu espacio actual sin tener que gastar tanto.

Aunque difícil, quitarnos ese filtro de preferencia por lo novedoso nos puede ayudar a encontrar el valor escondido en muchas cosas.

 

 

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