Claroscuros y tribalismo

Ya son 10 años desde que Breaking Bad (BB) salió al aire y que el mundo se fascinó con la historia de Walter White, el tímido y amable profesor de química convertido en el temido capo de la droga Heisenberg. La idea original de Vince Gilligan (creador de BB), era desarrollar una serie donde el protagonista se convirtiera, en sus propias palabras, “de Mr. Chip a Scarface”.

Antes y después.

Siendo muy honesto, la transformación de Walter White a lo largo de la serie me impactó tanto que dejé de verla en la tercera temporada. Para mí, su cambio fue tan drástico que no tuve el estómago de poder llegar a ver el desenlace (no spoilers). En este rubro, fui la excepción a la regla: En la gráfica 1 podemos ver el disparo en ratings que tuvo la serie en las últimas dos temporadas. Ciertamente al público le fascinó la trama del profesor de preparatoria convertido en narcotraficante.

Hasta Warren Buffet tuiteó sobre el capítulo final.

La historia de Walter White no es la única que le ha llamado la atención a los televidentes: Dexter, la historia de un técnico forense de la policía que de noche es un asesino serial (aunque solo mata a los malos, eso sí), rompió récords de ratings para el canal Showtime. Mad Men, otra joya de AMC (ampliamente considerada la mejor serie de la historia), retrata la vida de excesos de Don Draper, director creativo de una agencia publicitaria neoyorquina en los años sesentas. Está también Dr. House, el amargado genio de la medicina (que de pasada es adicto a los opioides), House of Cards con el sociópata Frank Underwood, entre muchas otras más.

Uno creería que en la era mediática de los anti-héroes, todos estaríamos menos renuentes a aceptar nuestros claroscuros, pero hoy más que nunca vivimos una era de tribalismo agresivo, fomentado en gran medida por los medios de comunicación, las redes sociales y nuestra apatía por desarrollar opiniones informadas sobre temas sociales relevantes.

“Qué agradable sujeto.”

Por ejemplo, en el caso de los norteamericanos si eres pro-Trump, eres un salvaje retrógrado que abogas por la segunda enmienda (derecho a portar armas), promueves el racismo, la xenofobia y el heteropatriarcado. En el caso de los mexicanos si votaste por López Obrador, eres un descerebrado, chairo-socialista de clase humilde que seguramente no paga impuestos pero jura que la clase política corrupta le ha robado toda su vida. Ambas percepciones son totalmente incorrectas y son un sesgo mental muy fuerte, pero en base a lo que vemos en Twitter y las noticias, nuestro cerebro asume que son reales.

Recientemente, en un evento de graduación de preparatoria en Estados Unidos, el estudiante estrella de la generación dio un discurso a sus compañeros donde compartió la siguiente frase: “No solo te involucres. Lucha por tu lugar en la mesa. Mejor aún, lucha por un lugar en la cabecera de la mesa.” El estudiante le atribuyó la frase a Donald Trump, con lo cual el auditorio irrumpió en aplausos (en tu cerebro ya te imaginaste qué tipo de estudiantes había en ese auditorio. Shame on you.). Después de ellos el joven se corrigió y le adjudicó las palabras a Barack Obama, con lo cual los aplausos rápidamente se detuvieron e incluso hubo algunos abucheos.

Siendo objetivos, la frase es buena. El problema hoy en día es quien la dice.

 


 

En la psicología existe un sesgo mental/cognitivo llamado el ‘efecto halo’, el cual no es más que una discrepancia entre lo que originalmente juzgas contra lo que verdaderamente es. Para poner un ejemplo, en 1972 se hizo una investigación en la Universidad de Minnesota donde a sesenta estudiantes (30 mujeres y 30 hombres) se les entregaron por individual tres fotografías a analizar: una de un individuo considerado “atractivo”, otra de un individuo de apariencia promedio y la última de una persona nada atractiva. Se les pidió a los participantes que calificaran a cada uno en base a 27 rasgos de personalidad, entre ellos altruismo, estabilidad emocional, promiscuidad, entre otros. Después se les pidió que predijeran la felicidad que cada uno de los tres individuos iba a tener por el resto de sus vidas, así como predecir si cada uno de ellos tendría un trabajo de alto, mediano o bajo estatus.

Seguramente era Brad Pitt el individuo nada atractivo.

Los resultados mostraron que la mayoría de los participantes creían que el individuo más atractivo contaban con mejores rasgos de personalidad, era más feliz y tenía un trabajo de alto perfil comparado con los sujetos menos atractivos físicamente.

Es obvio que el efecto halo afecta de manera positiva como negativa para las personas, pero lo que debemos tener claro es que no es la realidad: sí, un partidario de López Obrador puede ser tanto humilde como de clase social alta. También puede tener maestrías y doctorados o puede que no haya terminado ni la primaria. Puede que su única aportación al SAT es el IVA que paga cuando va al cine o puede que paga el ISR que corresponde por su trabajo o su negocio. El punto es que no existe el “prototipo” de partidario que tenemos grabado en la cabeza, y nos tenemos que dar cuenta para no caer en prejuicios tóxicos que solamente dividen y no permiten trabajar en acuerdos.

Cocowash a través de memes. Nuestra nueva realidad.

Este tipo de ‘efectos halo’ se van anclando en nuestra cabeza a través de un constante bombardeo de imágenes, memes, videos de YouTube y Facebook, tweets, cadenas de WhatsApp, opiniones de “expertos” y amigos que se creen expertos. Y lo peor de todo es que se va formando de manera tan gradual que ni nos damos cuenta. De unos años para acá nos hemos anclado la idea que los republicanos son los ‘malos’ de la película, pero cuando queremos expresar por qué pensamos eso, no tenemos una respuesta concreta. Newsflash: el seguir al New York Times y a León Krauze en Twitter no te hace un experto en política.

Hoy por hoy nuestra fuente más importante de información son las redes sociales, y estas son un pésimo medio para poder desarrollar una opinión sólida sobre cualquier tema. Charlie Munger ha mencionado en reiteradas ocasiones la siguiente frase: “no tienes derecho a tener una opinión hasta que no puedas argumentar en contra de tu opinión de mejor manera que el experto del lado opuesto”. En un ejemplo: si quieres decir que la idea del Aeropuerto de Santa Lucía es una tontería, debes tener muy claros los argumentos a favor del proyecto, de manera que los puedas contrarrestar efectivamente en un debate.

Bien dice Shane Parrish en su blog Farnam Street. No está fácil porque hay que leer mucho, tienes que hablar con personas de ambos lados del argumento, debes pensar en las variables clave y las consecuencias de segundo y tercer nivel que implica cada uno de ellos. Debes pensar en el problema de forma racional, no emocional. La mayoría de nosotros solo tenemos un conocimiento somero que no sirve de nada más que para pelearnos en las secciones de comentarios con otros que están de lado opuesto pero que también no tienen ni la más remota idea del tema en cuestión.

Solucionar este problema no es fácil, pero tenemos que empezar por entender que no existe persona perfecta. No hay blanco ni negro, todos estamos hechos de distintos matices de gris. Somos anti-héroes en nuestra vida cotidiana. Partiendo de esta base, debemos trabajar activamente en eliminar los prejuicios que nublan nuestro cerebro y buscar entender de manera objetiva y racional los argumentos de los diferentes participantes. Los retos que enfrentamos hoy en día no son para tomarlos a la ligera. Todos tenemos la responsabilidad de enfrentarlos y participar activamente en ellos, pero también debemos contar con la preparación necesaria para ser un elemento que sume, no que divida.

 

Si te quieres aburrir más, sígueme en twitter: @davevillarreal 


Bibliografía

https://www.nytimes.com/2018/10/02/technology/silicon-valleys-keystone-problem-a-monoculture-of-thought.html

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/bias-fundamentals/201806/tribalism-in-politics

https://en.wikipedia.org/wiki/Halo_effect#Supporting_evidence

https://fs.blog/2013/04/the-work-required-to-have-an-opinion/

https://en.wikipedia.org/wiki/Breaking_Bad

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